Descripción del tratamiento con osmosis inversa para fuentes
En la ósmosis inversa obtenemos agua con un bajo contenido de sales, partiendo de un agua que tiene un elevado contenido de sales.
Esto se puede conseguir aplicando una presión al agua para hacerla pasar a través de una membrana semipermeable, que deja pasar el agua pero no las sales.
El esquema básico de un sistema de ósmosis inversa en una fuentes es el siguiente:

El sistema consta de 5 filtros (un filtro de sedimentos, dos filtros de carbón activado, la membrana de ósmosis inversa y un postfiltro remineralizador).
- En la primera fase del tratamiento, el agua es filtrada a través de un filtro de sedimentos que elimina partículas en suspensión con un tamaño superior a 5 micras (son los residuos que encontramos cuando quitamos el tapón de cualquier grifo).
- En la segunda fase los filtros de carbón activado retienen el cloro, los compuestos de cloro y la materia orgánica que el agua de la red suele transportar, ya que la membrana se deteriora con la presencia de cloro.
- En la tercera fase el agua pasa por la membrana, donde tiene lugar la separación del agua de la mayor parte de las sales minerales y metales pesados que están disueltos en ella (aluminio, mercurio, plomo, etc…). Las membranas son de poliamida aromática enrolladas en forma de espiral.
- El agua es conducida a unos depósitos de acumulación donde se almacenará en un ambiente esterilizado que no adquiera olor o sabor (como ocurre en algunos envases plásticos) y a través de estos depósitos, se regulará la temperatura mediante un termostato.
- El acceso al agua se efectúa a través de dos grifos dispensadores, estando dotado el del agua caliente de un sistema de seguridad.
- Al accionar cualquiera de estos grifos, el agua abandona el depósito de acumulación y pasa por el último filtro, que mineraliza a su paso esta agua.
- El resultado es de 200 litros al día de agua de la mejor calidad.
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